De la sequía a la inundación

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoHasta Quito se fue el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy para hablar, entre otras cosas, de su traumático desahucio monclovita. Y desde la capital de Ecuador volvió a exhibir el renovado registrador de la propiedad dos características de sobra conocidas: que su reino no es de este mundo y que es preferible el antiguo mandamás del PP mudo, o que se comunica a través del plasma, sin preguntas y, por lo tanto, sin respuestas, al exlíder popular que cuando se arriesga con el lenguaje oral en el cuerpo a cuerpo provoca la hilaridad y el asombro, o ambas reacciones a la vez, entre la concurrencia.

Desde el contumaz desenfoque consustancial a su visión periférica, o desde su afán por reescribir la historia a la que, se ponga como se ponga, pasará como el primer mandatario expulsado del cargo en la actual democracia mediante una moción de censura, Rajoy contestó a los alumnos de la Universidad Internacional SEK que el culpable de su defenestración había sido un contubernio entre la extrema izquierda y los independentistas que contó con la complicidad del PSOE. Y punto. Ni una alusión a la cuota de responsabilidad que tiene la corrupción que ha imperado en su partido prácticamente desde su fundación. Ni un atisbo de arrepentimiento por un modelo de gestión pública, pero también intramuros, que ha permitido la proliferación descontrolada de redes clientelares y de complejas arquitecturas depredadoras de bienes económicos comunes a cuya sombra han florecido gánsteres de notable prestigio social y político capaces de relegar a Al Capone al papel de comparsa. Ni una alusión al incontestable hecho, sancionado por la Justicia mediante sentencias, de que la formación en cuya estructura orgánica medró a lo largo de las últimas décadas y que acabó dirigiendo, era una banda organizada para delinquir. Y él un mentiroso.

La culpa, como en tantas ocasiones fue del cha cha cha, vino a decir Rajoy a sus discípulos al otro lado del Atlántico, justo en la línea imaginaria que separa el hemisferio norte de su correspondiente sureño. Tal vez por eso, porque se encontraba en el paralelo cero, el político que también escribirá su nombre en los anales como el presidente peor valorado –y mira que tiene competencia– fue incapaz de hallar la divisoria entre causa y consecuencia. Se lía Rajoy con el huevo y la gallina y no acaba de asimilar que su forzado mutis por el foro obedece a la suma de hartazgos que han sancionado su tolerancia con la corrupción y su participación en ella por acción u omisión, de un lado, y su inveterada pereza a hincarle el diente a suflés como el catalán que iban a bajar sin más ayuda que la de la ley de la gravedad.

Y como por estos pagos pasamos de la sequía a la inundación sin solución de continuidad, donde el término medio no existe y el equilibrio es solo una aspiración de borrachos, llegó el hiperventilado Pablo Casado y, forzado por la presión de una derecha que antes no estaba, quiso darle la vuelta al calcetín en un santiamén. Donde había silencio, que no serenidad, ha impuesto una verborrea que estremece y llena de desazón hasta a los que le votaron en las primarias. Si en Rajoy convivían el mutismo y la absurdidad, en la alocada carrera de su heredero hacía el Olimpo comparten cartel la estridencia y una vocación lenguaraz más propia de un sacamuelas vendedor de elixires que de un aspirante a presidente del Gobierno.

Un personaje que ve «impecable» el legado del PP en la Comunidad Valenciana no puede ser sino un imprudente, un provocador o un daltónico. Tal vez ese defecto ocular sea lo que le está provocando que en la amplia gama de colores de la paleta solo distinga el rojo y el amarillo, mezcla cromática que le ha llevado a proclamar algunas de las más solemnes simplezas de los últimos tiempos. Además, para ser un patriota desbarra. Como no vislumbra los grises ni los negros viaja a Europa para chivarse de que los presupuestos urdidos por Sánchez e Iglesias van a acabar con España. Nada extraño el rol acusica en Casado. Es consustancial a todo enchufado, como le define con otras palabras el Tribunal Supremo. ¿Habremos salido de Guatemala para entrar más adelante en Guatepeor? Cielo santo.

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Comentarios   

0 #1 profile6567 02-11-2018 15:02
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