Querida Princesa Leonor, dos puntos

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoAl recibo de la presente espero te encuentres bien de salud. Yo bien, g.a.D.

El motivo de esta carta es darte la enhorabuena por la imposición del Toisón de Oro para conmemorar el cincuenta cumpleaños de tu papá, Felipe VI, lo que te convierte en la persona más joven de todas cuantas han recibido tan alta distinción a lo largo de la historia. Pero además quiero aprovechar la ocasión para transmitirte la emoción que me embarga días después de ver el vídeo publicado con tan fausta excusa por la Casa Real, que es la tuya, en el que aparecéis tú, tu hermanita la Infanta Sofía, papá y mamá, en varias escenas de vuestra íntima vida cotidiana, donde se puede apreciar, sin margen de error, que constituís una familia de lo más normal, con sus inquietudes escolares, sus problemas laborales, sus legañas matutinas, que si la hipoteca, que si el IPC, que si las visitas al dentista, etcétera.

Me ha resultado particularmente enternecedora la escena en la que te quemas la lengua con la sopa de verduras y Doña Letizia te dice «sopla». Seguramente hubieras preferido que te aplicara el infalible remedio casero «sana sana, culo de rana, si no sanas hoy sanarás mañana», pero se nota que tu madre fue periodista antes que reina y ya se sabe que la concisión es una regla de oro en su anterior empleo. Por otro lado, tendrás que admitir que la cariñosa reconvención es por tu bien dado que cuando te coronen y llegues a convertirte en una increíble señora menguante como ella tendrás que tragarte, igual que papá y el abuelo, más de un sapo y no pocas culebras.

Me ha llegado al alma el cuadro cuasi goyesco que formabais una vez tu progenitor terminó de grabar el discurso de Nochebuena. Esa naturalidad al dirigiros vosotras, las niñas, al monarca, esos comentarios sobre el maquillaje, ese hacer manitas... mira, de gallina se me pone aún la carne al recordar la escena. Definitivamente, sois una familia corriente, que no vulgar, fundada por un papá con toda la barba y una mamá con toda la cirugía que constituyen un matrimonio firmemente anclado en la doctrina que establece que «las manzanas no son peras. Si se suman una manzana y una pera nunca pueden dar dos manzanas» que formuló Ana Botella, la del famoso «relaxing cup of café con leche» que está casada con un señor bajito que parecía muy alto porque había sido inspector de Hacienda antes de presidente del Gobierno. No te acordarás. Eras muy pequeña

Un poco disfuncional y desestructurada sí que es tu familia, perdona que te diga, si nos vamos por los cerros de Ginebra, donde vive el tito Iñaki, para el que, por cierto, la Fiscalía del Supremo insiste en reclamar diez años de prisión por asuntillos en los que es mejor no entrar, como diría Mariano Rajoy, ese señor que despacha con papá de vez en cuando... sí, mujer, el de la barba blanca que ha estado en la entrega del collarcito, el que parecía medio alelado... el que da el visto bueno a los discursos de papi para que cuadren con los suyos... el que está detrás, o enfrente, o al lado de la Gürtel, la Púnica, Lezo, los ordenadores destruidos en su casita de Génova... pues ese mismo. Pero ya se sabe que los cuñados, en general, son una plasta, chica. Con sus chistes sobre el Duque Empalmado y sus estafas no hay quien los soporte. Aunque no debes preocuparte por su futuro. Como conocerás, habitamos un Estado de Derecho que será tuyo en cuanto papá casque o abdique como hizo el yayo Juan Carlos, lo que garantiza que si entra en la cárcel no tardará mucho en salir y podréis juntaros todos para echar unas risas en la Zarzuela o por ahí. Tú tranquila, como Froilancito, que ya hasta liga.

El abuelo emérito, por cierto, no sé si te lo han contado los papás durante el desayuno o en el trayecto al cole (pesa la puerta del coche blindado, ¿eh?) ya está abonando el terreno de la reconciliación. Como ahora tiene más tiempo y ha pasado de navegar por las procelosas aguas de Botsuana, donde los elefantes marinos tienen trompa, a otras más encalmadas en las que impera el mejillón, hace unos días cogió un avión como quien toma el metro (¿Has ido en metro? Si no es así, no te lo pierdas: una gozada, Leo) y se plantó en Suiza para celebrar con la tía Cristina y los primitos el cincuenta aniversario del tito olímpico. Bonita casualidad, ¿no?

Bueno, te dejo, que tengo el rosbif en el horno, perdón, el «roast beef», que ya sé que como todos los niños normales de familias normales hablas un inglés impecable. Y además no quiero perderme el capítulo 1.253 del serial sobre Cataluña. A lo mejor para cuando llegues al trono ya te han resuelto el lío y puedes viajar allí para aupar bebés y estrechar las manos de los lugareños y besar a las ancianitas como hacen tus papis y como hicieron antes los abuelos para demostrar, también ellos, que eran una familia normal. Qué traviesos.

Sin otro particular, recibe un afectuoso saludo del súbdito de papá.

Tuyo, que lo es,

Fulano de Tal

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